Trabajar juntos: Día Internacional de la Traducción

Cada lengua es una isla. Poco o nada sabríamos del resto del archipiélago, del resto del mundo, de no ser por los traductores, esa tropa de navegantes dedicada a trasladar la cultura de una costa a otra. Sin ella, el célebre niño aprendiz de mago sería un extraño en nuestras playas, los relatos de las tierras nórdicas no resonarían en nuestros pueblos, y el resto de orillas del mundo desconocería a Sancho Panza. Las buenas traducciones aspiran a parecerse tanto al original que se vuelvan indistinguibles pero, al mismo tiempo, cuanto más magistral es una traducción menos reparamos en que detrás de cada obra escrita en otra isla hay un profesional de la traducción que habita entre nosotros.

Esto es justamente lo que celebra el Día Internacional de la Traducción. Los últimos años han ido llenando el calendario de «días internacionales» centrados en temas diversos con la intención de que dediquemos un poquito de tiempo a meditar sobre ellos. Como todos los años desde 1991, el 30 de setiembre celebramos el Día Internacional de la Traducción. La FIT (Federación Internacional de Traductores) propuso esa fecha porque coincide con el día en que murió Jerónimo de Estridón (en el año 420 de nuestra era), quien tradujo la Biblia del hebreo al latín. Su traducción, conocida históricamente como la Vulgata, supuso un gran hito en el mundo cristiano occidental, pero él no fue ni la primera ni la última persona cuyas traducciones cambiaron el mundo. Andalucía conoció su época comercial y cultural más floreciente durante el periodo andalusí, y a lo largo del mismo acogió y engendró numerosos eruditos, sabios, científicos, escritores, filósofos y traductores sin cuyas aportaciones a la sociedad de su tiempo habríamos heredado un mundo muy diferente. Entre los hijos más insignes de la Andalucía de aquella época figuran Averroes (nacido en Córdoba en 1126) y Maimónides (nacido en Córdoba en 1135), pero el legado de ambos no habría trascendido tanto si Yehuda ibn Tibón (nacido en Granada en 1120) no se hubiera esmerado en ejercer la traducción de textos árabes al hebreo, y no hubiera enseñado ese arte a toda la saga de grandes traductores que inició: Samuel ibn Tibón (hijo suyo y traductor de gran parte de la obra de Maimónides) y Jacob Anatoli (nieto de este último y traductor de Averroes). A través del hebreo todos esos textos arribaron a la Europa medieval. Aquellas figuras milagrosas transportaron la cultura clásica y árabe a la Europa feudal, sumida en el aislamiento cultural tras la caída del Imperio Romano.

En estos tiempos de globalización y de comunicación permanente e intensa entre culturas de todo el mundo, el grupo Tibónidas, creado por traductores de libros de Granada, quiere sumarse hoy con esta breve reflexión a la conmemoración del Día Internacional de la Traducción, que este año, con el lema «trabajar juntos», subraya la importancia de que los profesionales dedicados a esta labor aúnen esfuerzos y voluntades para seguir contribuyendo a la comunicación y el entendimiento mundial, así como al desarrollo cultural y científico de cada país. El asociacionismo tiene una importancia capital para encauzar ese contacto directo entre traductores, tan necesario y enriquecedor a la hora de enfrentarse a un texto escrito en un idioma y una tradición distintos a los nuestros. El intercambio de información entre los profesionales del ramo contribuye a mejorar la calidad y el rigor de sus obras y, por ende, a ofrecer al público lector textos cada vez más fieles a su concepción original por parte de su creador primero.

Entre las personas que más han contribuido en España a mejorar las condiciones de trabajo y el contacto entre los traductores, destaca muy especialmente Mario Merlino, traductor argentino afincado en España desde los años 70, galardonado con el Premio Nacional de Traducción en 2004 (por la obra Auto de los condenados de Antonio Lobo Antunes), y que también ejerció como escritor y poeta. El empeño de Mario Merlino por conseguir unas condiciones de trabajo dignas para el colectivo de los traductores en España y sus empeños por sumar voluntades y fuerzas, lo llevaron a presidir la asociación de traductores de ámbito nacional ACE Traductores. Mario Merlino falleció el pasado 28 de agosto en Madrid a los 61 años de edad. Su ausencia deja al ancho mundo de las letras en castellano sin una de las figuras que más han contribuido a ampliarlo (desde varios frentes) en las últimas décadas, por eso le debemos un recuerdo muy especial en este Día Internacional de la Traducción.

Por Dulcinea Otero-Piñeiro

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